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Iglesia de San Francisco

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Proyectada por el renombrado arquitecto Oscar Niemeyer e inaugurada el año 1943, es parte del proyecto del Conjunto arquitectónico de Pampulha, por encargo del alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek. Este conjunto es un hito de la arquitectura moderna en Brasil y en el mundo, conteniendo diversos íconos del modernismo brasilero. Además, en las señales de tráfico que señalan el camino hacia Belo Horizonte, aparece la forma de la iglesia, al ser el símbolo de la ciudad.

Siendo una de las primeras obras del arquitecto, a partir de la cual obtuvo reconocimiento en todo el país, Niemeyer encontró  la oportunidad de impugnar la monotonía que rodeaba la arquitectura contemporánea en contra de la libertad plástica que permite el hormigón, comenzando con su arquitectura de curvas que aún lo caracteriza.

La iglesia, a pesar de ser considerada como la obra maestra del conjunto, recibió muchas críticas dentro del ambiente cultural más tradicional de la ciudad, y sobre todo de las autoridades eclesiásticas, que no permitieron durante 14 años la consagración de la capilla, debido entre otras cosas a su forma poco ortodoxa. Esta forma representa un uso totalmente revolucionario de hormigón para la eclesiástica.

 

Es característica la utilización del hormigón en esta obra, desde donde se obtuvieron volúmenes de gran riqueza formal, e incorporando a la vez valores poéticos propios de la cultura de su país. Sus curvas y líneas oblicuas, le confieren un carácter asimétrico y flexible, reflejando la exploración máxima de posibilidades plásticas y potencialidades escultóricas que ofrece el hormigón armado.

Estas curvas además, mantienen una continuidad visual armónica entre los volúmenes habitables, que se relacionan para generar un gran espacio común con diversas formas de recorrerlo.

Su estructura se compone de arcos que van formando las distintas bóvedas. Las dos más grandes corresponden a la cubierta de la nave y el altar, mientras que otras más pequeñas en la parte trasera sirven de apoyo. El uso de esta forma parabólica permite que un único elemento forme la cubierta y las paredes, sin recurrir a estructuras independientes. En contraste con el conjunto, aparecen el campanario y la marquesina en la entrada, como elementos independientes.

Niemeyer contó con la colaboración del ingeniero de estructuras, y también poeta, Joaquim Cardoso, el artista brasileño Cándido Portinari y el arquitecto paisajista Burle Marx, encargado del diseño de los jardines exteriores. Es posible notar los fuertes elementos decorativos presentes en los laterales de la nave principal. Toda la pared del fondo está ocupada por un mural de San Francisco, pintado por Portinari, al igual que la fachada trasera está cubierta por una composición blanca y azul de azulejos. Y, para concentrar la atención en el mural, el arquitecto estrecha la bóveda hacia el altar. Un juego de luz entre el coro iluminado y la madera oscura de la nave, destaca el mural.

 

Fotografías: Usuarios de Flickr: Ronaldo de Carvalho, Felipe Arrudacalessamarcelorf01Bruno do Val Benes

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